Una tenue
sombra existencial.
Moises cid
Jugamos a ser libres, en un mundo de apariencias. Con la habitación
estaba llena de fantasmas, tomamos roles sociales en una sociedad sin humanidad.
Maniquíes de sentimientos acartonados.
No me daba cuenta debía estar despierto, hasta que me lo advirtieron. la vida pasaba como una novela de la tarde,
rutinaria ficción de una pasión ajena que disfrutaba no siendo mía. Mientras los
sucesos pasaban, bebía café
tranquilamente. El mundo giraba y yo
dentro de mi caparazón no percibía los cambios. Un día salí y ví que todo había
pasado.
Fingiendo ser feliz en una sociedad de doble discurso al final de
cuentas no ganas nada. La gran farsa.
Son mas felices quienes menos se esfuerzan en serlo,
simplemente fluyen.
Debes jugar con las cartas que tienes, mientras que llegan
mejores prospectos. La gente deambula
juzgando lo ajeno y evadiendo lo propio, es lo mas fácil y lo mas ocioso. Trabajar en uno mismo es lo que
trasciende. Dejando atrás las sombras en la vieja caverna platónica.
La mayoría baila al mismo ritmo y unos cuantos contemplan la
fiesta bebiendo de su tarro personal. Los niños juegan mientras pueden serlo,
para después acatar un papel que no les corresponde. Se alimentan y se educan
en alguien que realmente no quieren ser.
Con algarabía lanzamos birretes al aire en ceremonia de
graduación. Pero tan solo es el primer paso en el mundo, no hemos logrado nada.
la burbuja académica estalla tras el día siguiente en la búsqueda de un empleo
y de saturarse de deudas y responsabilidades. Eres alguien mientras el crédito no se detenga, sigues jugando mientras tengas fichas.
Cuando la verdad es evidente no es necesario saturarse de
razones. Quien busca demasiadas explicaciones termina abrumado. Con el seso
congestionado y las manos temblorosas.
El brillo de la juventud termina en una tenue sombra en los
ojos. Mirando al mundo como un pequeño extraviado, retornando a la
vulnerabilidad y la dependencia con pueriles tropiezos.
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